El grisú, el gas que está bajo sospecha por la muerte de los cinco mineros leoneses en el pozo de Cerredo, en Asturias, es altamente inflamable y letal de dos formas: por asfixia, al desplazar el metano al oxígeno y, como parece ser el caso, por explosión, para lo que basta una pequeña chispa. A lo largo de la historia el grisú ha sido responsable de numerosos accidentes mortales en minas, sobre todo, de hulla.