La historia se detuvo en León por unos instantes. Una tarde que ya es eterna para la provincia. En apenas unos instantes, la luz de agosto se apagaba y las siluetas se tiñeron de un crepúsculo anticipado. Un minuto y cuarenta y cuatro segundos donde el cielo leonés regaló una postal única en más de un siglo: El sobrecogedor anillo de fuego coronando el horizonte. Una noche efímera que dura un suspiro en la cámara, pero que queda grabada para siempre en la retina de León